miércoles, 14 de febrero de 2018

El tiempo litúrgico de Cuaresma


a.    Origen y significado.
 

Posiblemente, al oír la palabra "Cuaresma", uno empieza a pensar en: ayuno, abstinencia, limosna, penitencia, austeridad, etc.; parece un tiempo triste, sin embargo, debemos aproximarnos a este tiempo litúrgico dejando nuestros prejuicios de lado, haciendo nuestras las palabras del prefacio I de Cuaresma: Concedes a tus hijos anhelar, año tras año, la celebración de la Pascua, con alegría y conversión de corazón. Para que, dedicados con mayor entrega a la oración y al servicio de los hermanos, lleguemos a ser con mayor plenitud hijos tuyos con la celebración de los sacramentos que nos dan nueva vida. 


Sabemos que los primeros cristianos sólo tenían una fiesta: el domingo; sin embargo, las comunidades cristianas pronto coincidieron en el deseo y en la necesidad de celebrar un día al año, con especial solemnidad, la Pascua del Señor. Ese día correspondería, más o menos, con los días de la muerte y resurrección del Señor; y, también, con la Pascua judía, la cual se rige por el calendario lunar. Esta solemne celebración suscitó inmediatamente una preparación, que inicialmente se limitó a lo que ahora conocemos por viernes santo y sábado santo, luego fue una semana, pronto tres, finalmente cuarenta días –haciendo alusión a los cuarenta días del diluvio, a los cuarenta años por el desierto del pueblo de Israel, pero, sobre todo, a los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de ser tentado. 


Podemos afirmar que el nacimiento de la Cuaresma tiene lugar durante el siglo IV, según el testimonio de Eusebio (332). Durante ese mismo siglo se consolida, tanto en Oriente como en Occidente; aunque posteriormente, sobre todo en la Edad Media, ha variado el número de días: Cuadragésima, Quincuagésima, Sexagésima e incluso Septuagésima. En cualquier caso, la Cuaresma Romana tradicional tiene un triple componente: la preparación pascual de la comunidad cristiana, el catecumenado y la penitencia canónica. 


b.    Características y peculiaridades de este tiempo.

El tiempo de Cuaresma según la Carta Apostólica Mysterii Paschalis de Pablo VI, con la que se aprueban las normas generales del Año Litúrgico y del nuevo Calendario Universal:


27. El tiempo de Cuaresma esta ordenado a la preparación de la celebración de Pascua. En efecto, la liturgia cuaresmal dispone a la celebración del Misterio Pascual, tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles, que recuerdan el bautismo y hacen penitencia.
28. El tiempo de Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, exclusive. Desde el comienzo de Cuaresma hasta la Vigilia Pascual no se dice Aleluya. El miércoles que comienza la Cuaresma, que es en todas partes día de ayuno, se imponen las cenizas.
30. Los domingos de este tiempo se llaman: primer, segundo, tercer, cuarto, quinto, domingo de Cuaresma. El sexto domingo, con el que comienza la Semana Santa, se llama «Domingo de Ramos de la Pasión del Señor».
31. La Semana Santa está destinada a conmemorar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en Jerusalén. Durante la mañana del Jueves Santo, el Obispo que concelebra la Misa con su presbiterio, bendice los óleos sagrados y consagra el santo crisma.

A parte de estas características, cabe destacar algunas peculiaridades de este tiempo:

- Miércoles de ceniza: tiene un origen antiguo (s. XII) y se impone diciendo: "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás" (Gn 3,19); o "Conviértete y cree en el Evangelio" (Mc 1,19). Su origen está en las antiguas penitencias medievales, sin embargo sigue vivo su simbolismo: a) condición débil y caduca del hombre; b) condición pecadora; c) oración de súplica al Señor; d) esperanza en la resurrección.

- Austeridad en el espacio litúrgico: ornamentos, flores, música...

- Limosna: es dar de lo nuestro a quien lo necesite, no solo dinero.

- Oración: vivir con más intensidad personal nuestra relación con Dios.

- Ayuno: significa adquirir libertad, tener la voluntad de abstenernos de algo.


c.     ¿Música sí o no?

El tiempo de Cuaresma es un tiempo claramente austero. Esto no quiere decir que hagamos desaparecer la música de nuestras celebraciones; pero sí debemos estar atentos –como en todos los tiempos litúrgicos– al repertorio que seleccionamos. Algún criterio fundamental para esta selección debe ser:

- NO se canta el Gloria (excepto en alguna solemnidad, ej.: san José)

- NO se canta el Aleluya, debe ser sustituida por otra aclamación

- NO se debe interpretar música instrumental (excepto el domingo IV - Laetare). En este tiempo se limita el uso de los instrumento para sostener el canto.

- El primer domingo de Cuaresma se podría iniciar la celebración con la letanía de los santos.

- La oración de los fieles se podría resaltar cantando como respuesta: Kyrie eleison

- El Attende, Domine es típico y modélico como canto cuaresmal. El olvidarlo sería una pérdida; al igual que la antífona mariana Ave Regina Caelorum.

(Orientaciones recogidas del Directorio Litúrgico-Pastoral de la CEE)


viernes, 9 de febrero de 2018

Nuevas perspectivas musicales


El último número de la Revista Phase recibe el título de "Nuevas perspectivas musicales"; corresponde al número 343, enero-febrero de 2018, y recoge una serie de artículo de gran interés para todos aquellos que se dedican o les preocupa la cuestión litúrgico-musical.

EDITORIAL

Nuevas perspectivas musicales – José Antonio Goñi

ARTÍCULOS

Fergus Ryan – «Musicam sacram»: Documento – Recepción – Evolución

Jordi -A. Piqué i Collado – Consideraciones sobre una «“quasi” sacramentalidad» de la música en la liturgia

Daniel Alberto Escobar Portillo – Criterios para la selección de cantos y música litúrgica: Eucaristía, matrimonio y exequias

PUNTOS DE VISTA
¿Participamos con el canto en nuestras celebraciones? – Óscar Valado Domínguez

La modalidad como signo del lenguaje musical sacro – Raúl del Toro

«…El susurro de una brisa suave» (1Re 19,12) – Roberto Fresco

«Misa ülkantun». Canto mapuche para la liturgia católica – Cristóbal Fones

NOTICIAS

Concesión del IV Memorial Pere Tena de Pastoral Litúrgica; La tradición musical de la Iglesia […] (SC 112)

LIBROS

Bibliografía reciente en español – José Antonio Goñi – Cristobal M. Orellana

Dionisio Borobio, Sacramentalidad, sacramentos y mística en santa Teresa de Jesús – María Daniela Biló.

Óscar Valado Domínguez, La música como «porta fidei» en la conversión de Manuel García Morente (1886-1942). Una interpretación teológica a partir de la relectura teológico-musical del «hecho extraordinario» – Ramiro González

IN MEMORIAM

Luis Maldonado Arenas (1930-2017) – Josep Urdeix

jueves, 18 de enero de 2018

Encuentro anual de Delegados de Liturgia

Los días 15 y 16 de enero ha tenido lugar en Madrid el Encuentro Anual de Delegados de Liturgia organizado por la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española. El tema de este Encuentro ha sido “Los delegados diocesanos de liturgia: competencias y misión”. Durante esos dos días se ha podido reflexionar en profundidad sobre una tarea tan importante como la dinamización litúrgica en las diócesis. 

Han sido muchas las voces de ponentes, participantes e incluso de los propios obispos presentes, que en el análisis de la realidad apuntaban a la importancia de ubicar en el corazón de la iglesia diocesana la vida litúrgica. Y con esto no se pretende “reivindicar” un puesto, si no resolver una situación anómala en algunas estructuras diocesanas; donde las delegaciones de Liturgia quedan en un segundo plano, como un elemento más en una estructura donde no parecen claras sus competencias; sin embargo, la liturgia tiene que ver con la propia FE, de tal modo que de la “fuente y culmen” parten y regresan las otras iniciativas de la Iglesia: anuncio-catequesis y caridad; de tal modo que la situación actual de muchas Delegaciones es consecuencia de un profundo problema teológico: ¿qué creemos? ¿cómo lo celebramos? ¿celebramos lo que creemos? 

Una de las conclusiones más aplaudida ha sido la elaboración de un Directorio del Delegado de Liturgia en el que se especifique las competencias, funciones y límites de esta responsabilidad; así como las áreas que abarca, como por ejemplo la música sagrada.

También hubo espacio para presentar los resultados de la Encuesta sobre el canto y la música en las celebraciones, tal y como se hizo en las Jornadas Nacionales de Liturgia: VER PRESENTACIÓN.

Por otra parte, el director de publicaciones de la Conferencia Episcopal ha presentado a todos los delegados la nueva edición del Evangeliario.

VER PROGRAMA

martes, 9 de enero de 2018

Monográfico sobre música litúrgica

En estos días ha salido a la luz el último número de la Revista Pastoral Litúrgica, publicación periódica de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia Episcopal Española. Este número 357 (octubre-diciembre, 2017) es prácticamente un monográfico de las Jornadas Nacionales de Liturgia que tuvieron lugar Santander entre los días 17-20 de octubre de 2017.

En este blog ya avanzamos algunas cuestiones como las conclusiones de las Jornadas o la presentación del estudio que se está realizando a partir del Cuestionario sobre música litúrgica en España.

Yo me atrevería a decir que se trata de un ejemplar casi de consulta obligatoria para todos aquellos que deseen profundizar en el área de la música litúrgica: la reforma litúrgica del Concilio, el gregoriano, la polifonía, el canto religioso popular, el órgano... y temas de clara actualidad pastoral como el animador del canto litúrgico, la música en la celebración de exequias o en el sacramento del Matrimonio. 



Si quiere adquirir este número puede solicitarlo escribiendo al correo electrónico: revistas@conferenciaepiscopal.es 

Quizás te interese también estas otras entradas del blog en las que hablamos de otras publicaciones: Música y liturgia y Canto y música en la liturgia.

martes, 2 de enero de 2018

Sobre el nuevo órgano electrónico en el Vaticano

No sé muy bien cómo definir el sentimiento que me produce la noticia de la instalación de un órgano electrónico en la Basílica de San Pedro: sorpresa, confusión, tristeza, decepción, impotencia, enfado... 

La realidad es que me he enterado de la noticia a través de una red social y, como a mi amigo Raul del Toro de Infocatólica, creí que el instrumento se utilizaría exclusivamente en las celebraciones que tuviesen lugar en la Plaza de San Pedro en sustitución de un Roland (más que indigno) que venían utilizando. Sin embargo, cual es mi sorpresa cuando leo que también será utilizado en las celebraciones de la Basílica. Increíble!

A la luz de la noticia y de la absurda justificación del director de la Capilla Musical Pontificia Sixtina, Mons. Massimo Palombella, yo me pregunto: ¿qué querrá decir con "nuevas exigencias necesitan nuevas soluciones"? He tenido ocasión de estar en numerosísimas ocasiones en las celebraciones que presidía el Papa (fuese Benedicto XVI o Francisco) en la Basílica de San Pedro y no creo que existan verdaderamente esas "nuevas exigencias"; ya que hasta ahora, y durante diversos pontificados, se ha resuelto este problema con perfecta eficacia por parte de los responsables de las celebraciones pontificias. 

La Iglesia desde su Magisterio afirma taxativamente que el órgano de tubos es su instrumento tradicional, y en la Basílica de San Pedro hay uno que durante muchos años ha cumplido perfectamente su función y que está en muy buen estado, así lo atestigua la casa Mascioni en un comunicado ante la noticia de la adquisición del órgano electrónico por parte de la Capilla Musical. Un instrumento que, como todos los órganos de tubos, tienen un carácter artístico, artesanal y real (porque produce sonido, no lo reproduce). Sin embargo, han preferido un instrumento digital, nada artístico, que poco tiene que ver con la artesanía y, por supuesto, carente de un sonido real. Es como si en lugar de poner flores de verdad las pusieran de plástico, o en el sitio de los hermosos candelabros con velas pusiesen lámparas eléctricas... La liturgia y todos los elementos que forman parte integral de la propia liturgia deben ser reales y evocadores de la verdad.

Lo que veo detrás de todo esto es una verdadera falta de respeto y un daño terrible (incluso irreparable) a la Iglesia en general, y a cientos de personas en particular, que por todo el mundo llevan años y años esforzándose en mantener vivo un hermoso y artístico patrimonio musical. Pero esta decisión ¿en qué sitio deja al organista de la Sixtina? No quisiera verme yo en la situación del maestro Juan Paradell Solé; de todos es sabido el conflicto que aún hoy existe en la catedral de Valladolid; y que ahora suceda en el corazón de nuestra Iglesia, y que aún por encima se intente justificar la práctica de lo contrario que se predica... me parece hasta escandaloso, sobre todo cuando lo que hay detrás de todo esto nada tiene que ver con la Liturgia, la fe o el deseo de tocar los corazones de los fieles, si no con intereses personales, ya sean de un individuo o de una empresa. Alguien que ocupa un lugar tan importante y visible como el de director de la Sixtina debería saber estar a la altura de las circunstancias; sus predecesores, el maestro Bartolucci o el maestro Liberto no vieron estas "nuevas necesidades". ¿No serán excentricidades? como la millonaria "cantoría" que se mandó instalar al más puro estilo inglés a los pies de Santa Elena, junto al baldaquino de Bernini. Se trata de prestar un servicio a la Iglesia, no que la Iglesia esté a nuestro servicio... y con decisiones así... flaco favor se hace a la Iglesia. 

"Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado" (Lc 17, 1-3). 

Por si existe alguna duda... a continuación indico algunos de los pronunciamientos del Magisterio de la Iglesia sobre el órgano desde comienzos del siglo XX:

Pío X, Motu Proprio «Tra le sollecitudini», 1903.

15. Si bien la música de la Iglesia es exclusivamente vocal, esto no obstante, también se permite la música con acompañamiento de órgano. En algún caso particular, en los términos debidos y con los debidos miramientos, podrán asimismo admitirse otros instrumentos.

Pío XI, Constitución Apostólica «Divini cultus sanctitatem», 1928.

VIII. La Iglesia tiene además su tradicional instrumento musical; queremos decir el órgano, que por su maravillosa grandiosidad y majestad fue estimado digno de enlazarse con los ritos litúrgicos, ya acompañando al canto, ya durante los silencios de los coros y según las prescripciones de la Iglesia, difundiendo suavísimas armonías. Pero también en esto hay que evitar esa mezcla de lo sagrado y de lo profano, que a causa por un lado de modificaciones introducidas por los constructores, y por otro lado de audacias musicales de algunos organistas, va amenazando la pureza de la santa misión que el órgano está destinado a realizar en la Iglesia. 

También Nos deseamos que, salvadas siempre las normas litúrgicas, se desarrolle cada día más, y reciba nuevos perfeccionamientos cuanto se refiere al órgano. Pero no podemos dejar de lamentarnos de que, así como acontecía en otros tiempos con géneros de música que la Iglesia con razón reprobó, así también hoy se intente con modernísimas formas volver a introducir en el templo el espíritu de disipación y de mundanidad. Si tales formas comenzasen nuevamente a infiltrarse, la Iglesia no tardaría un momento en condenarlas. Vuelvan a resonar en los templos sólo aquellos acentos del órgano que están en armonía con la majestad del lugar y con el santo perfume de los ritos. Solamente así el arte del órgano volverá a hallar su camino y su nuevo esplendor, con ventaja verdadera de la liturgia sagrada. 

Pío XII, Carta Encíclica «Mediator Dei», 1947.

18. Estas normas se han de aplicar también al uso del órgano y de los demás instrumentos de música. Entre los instrumentos a los que se les da entrada en las iglesias ocupa con razón el primer puesto el órgano, que tan particularmente se acomoda a los cánticos y ritos sagrados, comunica un notable esplendor y una particular magnificencia a las ceremonias de la Iglesia, conmueve las almas de los fieles con la grandiosidad y dulzura de sus sonidos, llena las almas de una alegría casi celestial y las eleva con vehemencia hacia Dios y los bienes sobrenaturales.

Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción «De Musica Sacra», 1958.

8. La «música sacra para órgano» es música compuesta para órgano solo. Desde que se comenzó a utilizar el órgano de tubos esta música ha sido ampliamente cultivada por famosos maestros del arte. Si dicha música cumple con las leyes de la Música sacra, es una importante contribución a la belleza de la sagrada Liturgia.
61. El principal instrumento musical para acciones litúrgicas en la Iglesia latina ha sido y sigue siendo el clásico órgano de tubos. 
62. Un órgano destinado para el uso litúrgico, aunque sea pequeño, debe diseñarse de acuerdo a las normas de construcción de órganos, y estar equipado con el tipo de tubos adecuados para el uso sagrado. Antes de que sea utilizado debe ser debidamente bendecido y, como objeto sagrado, recibir una atención adecuada. 
63. Además del órgano clásico también pueden admitirse el armonio o el órgano de lengüeta, siempre que su calidad de sonido y su volumen sean aptos para el uso sagrado. 64. Si los medios para obtener un pequeño órgano de tubos no están disponibles puede ser tolerado temporalmente como sustituto el órgano electrónico puede ser tolerado temporalmente para las acciones litúrgicas. En cada caso, sin embargo, es requerido el permiso explícito del Ordinario del lugar. Él, por su parte, debe consultar a la Comisión diocesana de Música sacra, y otros peritos en este campo, que pueden hacer sugerencias para la adquisición de un instrumento más adecuado para el uso sagrado.

Juan XXIII, Alocución en la bendición del nuevo órgano de la basílica de San Pedro, 1962.

Él [el órgano] es el rey de los instrumentos sagrados musicales y como tal pertenece de una manera especial al templo, estando únicamente destinado a las alabanzas del Señor. Durante los sagrados ritos es el intérprete de los sentimientos de la comunidad, de las más nobles y santas emociones. A través de sus armonías penetran más fácilmente en la intimidad del alma las místicas secuencias de la acción sagrada: admiración y anhelo por la virtud, propósitos de purificación y de penitencia, deseo de una más íntima comunicación con Dios, empeño en la lucha contra el mal, gusto anticipado de la bienaventuranza celestial. El alma se empapa con las místicas influencias de la Gracia. 

Concilio Vaticano II, Constitución «Sacrosanctum Concilium», 1963.

120. Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales.

Congregación de Seminarios y Universidades, Instrucción, 1965.

57. Los aspirantes al sacerdocio que ya estuvieren iniciados para pulsar el órgano, prosigan esta formación con diligencia en el seminario, y sean ayudados para ello todo lo posible. Y los que sobresalgan por sus cualidades bajo este aspecto, sean enviados, después de los estudios, a Institutos superiores de música, a fin de que perfeccionen su formación. 

Congregación de Ritos, Intrucción «Musicam Sacram», 1967.

62. Los instrumentos musicales pueden ser de gran utilidad en las celebraciones sagradas, ya acompañen el canto, ya intervengan solos. «Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas, y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales». 

Juan Pablo II, Discurso en la inauguración de la nueva sede y del órgano del Pontificio Instituto de Música Sacra, 1985.

A vosotros, profesores y alumnos, se os pide que valoricéis al máximo vuestras dotes artísticas, conservando y promoviendo el estudio y la práctica de la música y del canto en los ámbitos y con los instrumentos que el concilio Vaticano II indicó como privilegiados: el canto gregoriano, la polifonía sacra y el órgano. Sólo así la música litúrgica podrá desempeñar dignamente su función en el ámbito de la celebración de los sacramentos y, en especial, de la santa misa. 

Congregación para el Culto Divino, Conciertos en las iglesias, 1987.

7. [...] Es sumamente importante que en todas las iglesias, y especialmente en las más importantes, no falten músicos competentes e instrumentos musicales de calidad. Hay que tener un cuidado especial de los órganos históricos, muy valiosos por sus características propias.
9. [...] el uso del órgano y otras interpretaciones musicales, sean vocales o instrumentales, pueden servir o favorecer la piedad o la religión». Tales interpretaciones pueden tener una particular utilidad:
a) para preparar las principales fiestas litúrgicas, o dar a las mismas un mayor sentido festivo, fuera de las celebraciones;
b) para acentuar el carácter particular de los diversos tiempos litúrgicos;
c) para crear en las iglesias un ambiente de belleza y de meditación, que ayude y favorezca una disponibilidad hacia los valores del espíritu, incluso entre aquellos que están alejados de la Iglesia;
d) para crear un contexto que haga más fácil y accesible la proclamación de la palabra de Dios: por ejemplo, una lectura continua del Evangelio;
e) para mantener vivos los tesoros de la música de iglesia, que no deben perderse: músicas y cantos compuestos para la Liturgia, pero que no pueden entrar del todo o con facilidad en las celebraciones litúrgicas de hoy día; músicas espirituales, como oratorios, cantatas religiosas, que continúan siendo medios de comunicación espiritual;
f) para ayudar a los visitantes y turistas a percibir el carácter sagrado de la iglesia, por medio de conciertos de órgano, previstos a horas determinadas.

Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el Congreso Internacional de Música Sacra, 2001.

El órgano de tubos sigue siendo el instrumento por excelencia de la música sacra.

Juan Pablo II, Quirógrafo sobre la música sagrada en el Centenario del Motu Proprio «Tra le sollecitudini», 2003.

14. Igualmente en el plano práctico, el motu proprio, de cuya promulgación se celebra el centésimo aniversario, afronta también la cuestión de los instrumentos musicales que se pueden utilizar en la liturgia latina. Entre ellos, reconoce sin vacilación la prioridad del órgano de tubos, estableciendo oportunas normas sobre su uso. El concilio Vaticano II acogió plenamente la orientación de mi santo predecesor, estableciendo: "Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos como un instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede añadir un esplendor admirable a las ceremonias de la Iglesia, levantando poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales". 

Benedicto XVI, Discurso durante la ceremonia de bendición del órgano de la antigua capilla en Ratisbona, 2006.

El órgano, desde siempre y con razón, se considera el rey de los instrumentos musicales, porque recoge todos los sonidos de la creación y —como se ha dicho hace poco— da resonancia a la plenitud de los sentimientos humanos, desde la alegría a la tristeza, desde la alabanza a la lamentación. Además, trascendiendo la esfera meramente humana, como toda música de calidad, remite a lo divino. La gran variedad de los timbres del órgano, desde el piano hasta el fortísimo impetuoso, lo convierte en un instrumento superior a todos los demás. Es capaz de dar resonancia a todos los ámbitos de la existencia humana. Las múltiples posibilidades del órgano nos recuerdan, de algún modo, la inmensidad y la magnificencia de Dios.
El salmo 150, que acabamos de escuchar y de seguir interiormente, habla de trompas y flautas, de arpas y cítaras, de címbalos y tímpanos: todos estos instrumentos musicales están llamados a dar su contribución a la alabanza del Dios trino. En un órgano, los numerosos tubos y los registros deben formar una unidad. 

¿Hay alguna duda?


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Azul inmaculada


Fotografía © Miguel Castaño
En este blog acostumbramos a escribir sobre música y liturgia, así que me permito subir este post –más que interesante– de un compañero sacerdote publicado en www.liturxia.com

Es una escena habitual el que en muchas de nuestras parroquias, en el día celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción vemos emplear -allí donde los hay- ornamentos de color azul celeste y escuchar durante la homilía la explicación de que tal color se debe a un privilegio concedido a España en el siglo XIX por la ancestral defensa que nuestra nación ha hecho de ese dogma. Aún faltan algunos meses para esta festividad litúrgica, pero es conveniente recordar algunos pormenores del uso de este privilegio pues resulta cada vez más frecuente ver como este color -debido sin duda al celo mariano- es usado para celebrar otras advocaciones de la Santísima Virgen.

Lo primero que hemos que precisar es que el color azul, como tal, no es un color litúrgico. En efecto, son colores litúrgicos todos y solos aquellos que se prescriben en el punto 347 de la actual Instrucción General del Misal Romano, a saber, el blanco, el verde, el rojo, el morado, el negro y el rosado. El color azul es, hablando en puridad, un privilegio litúrgico. Esta distinción no es quisquillosa ni rebuscada, dado que según un venerable principio litúrgico, "todo aquello que en la liturgia no es obligatorio, está prohibido". El sentido del privilegio litúrgico es precisamente ser una excepción a una ley general, privilegio concedido por la Santa Sede de lo cual puede hacerse uso o no; esto es lo que lo distingue esencialmente de los colores litúrgicos facultativos como el rosáceo o el negro, que no constituyen excepciones, sino posibilidades ad libitum pero que figuran explícitamente en el conjunto de normas litúrgicas de la Iglesia.

El privilegio de poder emplear el color azul no es, sin embargo, el único concedido a España. Existe un breve pontificio, Ad hoc nos, rubricado por San Pío V (al que se añade el Pastoralis officii de Gregorio XIII) en el que se compendian todos los privilegios litúrgicos otorgados a nuestra nación, muchos de los cuales si bien han caído en desuso no debería ser óbice para conocerlos. Tales privilegios son el fruto de centenarias costumbres litúrgicas españolas -y no tanto una concesión graciosa en recompensa a determinados "méritos" como en ocasiones parece interpretarse- que recibieron tal reconocimiento después de haber sido solicitada la continuación de tales usos. Algo semejante ha sucedido con el color azul, que aún antes de la concesión del privilegio se habría comenzado a ser utilizar. Su uso resulta muy anterior a la misma proclamación del dogma por parte de Pío IX; por lo que parece,se comenzaría a utilizar en Sevilla al menos a raíz de la polémica entre maculistas e Inmaculistas en el siglo XVII. El primer reconocimiento de la posibilidad de usar este color tendría lugar en 1817, cuando Pío VII concedió su uso a la catedral de Sevilla para la fiesta de la Inmaculada y su octava. En 1879 la Sagrada Congregación de Ritos extendería este permiso a toda la archidiócesis hispalense. Finalmente el doce de febrero de 1883 según decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos se concede su uso las diócesis españolas y sus territorios para la solemnidad de la Inmaculada, su octava, y las misas votivas. Desde la supresión de la octava de la Inmaculada ya en el misal promulgado por Juan XXIII en 1962 acorde a las rúbricas de la instrucción Rubricarum instructum, el color azul queda reducido a la solemnidad de la Inmaculada y a las misas votivas de la Inmaculada. Y para las diócesis españolas, según lo que hemos indicado más arriba, cualquier otro uso está prohibido. No pensemos, sin embargo, que es nuestro país el único en el que veremos emplear vestiduras azules. Los antiguos territorios del Reino de Baviera (actual Estado Libre de Baviera) lo tiene concedido para la festividad de Santa María Reina y en Portugal para las fiestas de la Inmaculada y la Asunción. En todo caso, el uso abusivo de este color fuera de las fechas para las que está concedido supone desdibujar su sentido y el origen del privilegio: la devoción multisecular del pueblo español a la Inmaculada y la defensa del dogma. Fue precisamente en la archidiócesis de Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua donde se conservarían -según la tradición- los más antiguos ornamentos confeccionados en color azul para celebrar a la Inmaculada.

Y es un color muy a propósito para celebrar este misterio. Es el azul quizá el más inmaterial y profundo de los colores. Recuerda al cielo, al agua, al aire, al cristal; Por eso también se habría usado en la liturgia cristiana medieval durante el tiempo de Pentecostés pues el símbolo del Espíritu Santo es el aire, el más inmaterial de los elementos, pues "Spiritus ubi vult, spirat". El azul intenso quiere expresar de este modo el desapego a los valores mundanos y la ascensión del alma que tiende hacia lo divino, como nos enseña Efrén el Sirio : “Hoy María se ha hecho cielo y ha traído a Dios, porque en Ella ha descendido la excelsa divinidad y ha hecho morada."Por eso, junto al blanco, es el color de la Inmaculada Concepción. Representa ese encuentro del cielo con la tierra en las Virgen ya concebida sin mancha, que anuncia esa fusión del cielo y la tierra, las dos partes del eje cósmico, unidos para acoger esa autocomunicación divina, y así se expresa de manera elocuente que Dios Padre ante la previsión de los méritos de María la haya querido adornar con este singularísimo privilegio.

D. José Ripoll




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