miércoles, 29 de agosto de 2012

SAN AGUSTÍN... sobre la música.


San Agustín y su madre, Sta. Mónica
San Agustín (354-430): de la música filosófica a la música teológica. 

Sabemos bien que la historia de la música y de la estética se ha ocupado de recoger el abundante legado agustiniano, sobre todo de su tratado De Musica,[1] en el desarrollo del arte liberal de la música en el Medievo. 

La formación de Agustín se circunscribe a la formación clásica de su época. La música, ciertamente, estaba considerada como una de las artes liberales, por su referencia numérica. La práctica de la música se veía como un oficio servil. Pero no puede escapar a nuestra atención que teoría y práctica nacen de una misma fuente: la experiencia, y en este caso, de una experiencia musical.[2] De ahí que el propio San Agustín introduzca elementos, como el valor del silencio, que van mucho más allá de un simple tratado de métrica en su diálogo De Musica. 

Este tratado es desarrollado poco después de su conversión. La cual se inicia en un momento de experiencia musical, entendida ésta como experiencia que pone en movimiento la interioridad del joven filósofo. El joven neoconverso comienza el desarrollo de lo que adquirió en su formación filosófica. Y curiosamente comienza con el De Musica. La constatación de que sus conocimientos filosóficos no son capaces de responder a las nuevas preguntas que se suscitan en su interior lo llevan a abandonar los tratados filosóficos. 

El Agustín teólogo reemprenderá su viejo tratado De Musica concluyendo el libro VI. Pero lo retomará con una nueva comprensión de la música ya teológica y cristiana que pasa de la matemática de las esferas a la contemplación del amor del Dios cristiano. Aquí se produce un salto importante; San Agustín filósofo trataba la música referida a sí misma, o a lo máximo a la perfección numérica, el Agustín teólogo habla de la música con referencia al Misterio, y he aquí un salto cualitativo importante. Agustín descubre en la música, nos atrevemos a decir que por causa de su propia experiencia, una relación profunda con la percepción del Misterio. Nunca abandona un cierto temor frente a la ambivalencia de la atracción musical, pero podemos decir que se abandona a su capacidad “sacramental”, como lugar de percepción mistérica.[3]

Esta obra de San Agustín no sólo nos evoca un trasvase de la filosofía platónica a la nueva concepción cristiana del mundo, sino que también suministra una interesante interpretación del significado y el papel de la música, sobre todo en su Libro VI.[4]

“La música tiene una única tarea primordial (…) disociar a la razón, mediante sus perfectas relaciones acústico-matemáticas, de los sentidos carnales y elevarla a la verdad inmutable, al único Dios y Señor de todas las cosas (…). Así pues, debe conducir al alma a reconocer que las cosas terrenas están subordinadas a las celestes”.[5]

San Agustín pasa de los números a Dios, de la rítmica a la contemplación y de la filosofía a la teología. Porque en Agustín la experiencia se resume en el axioma: no es posible pasar del finito al infinito; solamente se puede partir del infinito para llegar al finito. La experiencia del Misterio que se realiza a través de la música lleva a una cierta comprensión de la realidad.[6] 

Agustín legitimó la concepción que el placer estético o el gozo de la belleza, de la música, ayuda al alma a elevarse a la belleza de Dios.[7] Progresivamente el tono de la exhortación de Agustín se vuelve más religioso, más cristiano, de manera que pasamos del Dios de los matemáticos, del Dios de los filósofos y de los sabios, al Dios del Evangelio, al Dios que espera nuestro amor. Por consiguiente, es preciso amar a Dios, el único bien seguro e inmutable.



Oscar Valado
París, 28 de septiembre de 2012



[1] La traducción española la encontramos como: San Agustín, Sobre la música. Seis libros, Madrid 2007.
[2] Cf. J. A. Piqué Collado, Teología y música, una contribución dialéctico-trascendental sobre la sacramentalidad de la percepción estética del Misterio (Agustín, Balthasar, Sequeri; Victoria, Schönberg, Messiaen), Roma 2006, p. 108.
[3] Cf. Ibid., p. 109.
[4] E. Lisciani-Petrini, Tierra en Blanco. Música y pensamiento a inicios del siglo XX, Madrid 1999, p. 14.
[5] San Agustín, Sobre la música, o.c., pp. 343 ss.
[6] Cf. J. A. Piqué Collado, Teología y música…, o.c., p. 109.
[7] Cf. Ibid., p. 118.

4 comentarios :

  1. Buen día D. Oscar.
    Me encanta esta canción. La he buscado por millones de sitios y nunca la he encontrado. Dónde puedo comprar el CD de este coro?
    Antonio

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  2. Pues ahí está. El cd se puede conseguir en la Libreria Egeria en Santiago de Compostela o contactando directamente con el Seminario Mayor de Santiago de Compostela.
    Un fuerte abrazo!

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  3. Saludos Don Oscar!!!

    Donde se puede conseguir la partitura?? Esta hermoso!! Nos encantaría cantarlo en nuestro seminario!!!

    Saludos desde el Seminario Conciliar de Tampico Tamaulipas México!!

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    Respuestas
    1. Ya te puedes descargar la partitura en el enlace que hay debajo del vídeo.
      Un fuerte abrazo.
      In Domino.

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